Entre semana, es decir, de lunes a viernes,siempre conservo la esperanza. Digamos que me siento dispuesto y al tanto del diario acontecer. Espero - mentira, deseo - una llamada tuya, aunque sólo sea para un reconfortante y simple, buenos días. Un qué tal, como estás, que nunca llega.
Parece, y no es reproche, que te empeñaras en no demostrarme que te acuerdas de mi. Y quizás sea así y no te acuerdas de mi y yo soy sólo un engreido. O tal vez que te empeñaras en demostrarme que no te acuerdas de mi. Y quizás ni te acuerdes y yo insisto en ser un engreido. Insisto en enviarte buenos dias que tu amablemente agradeces y ya. Y te tiro de la lengua y tu.., y ya.
Insisto - que pesado -, no es reproche, es sólo deseo. Tal vez un deseo reprochable pero al fin, sólo un deseo.
Cinco días de vigilia que se convierten en una semana con la llegada del "uiquend", vacío, desesperante, hasta que llega el lunes y otra vez, vacío, engreido, dispuesto, desesperado. Sin reproches.
Michel G.Cedrés
Escrito el 16 de Octubre de 2009
de alcohol, corazones y sueños
Algunas veces sueño, tramo emborracharnos, emborracharte y que me sueltes de una vez por todas lo que llevas en tu cabecita y más en tu corazón. Aunque me duela, aunque no sea lo que quiero escuchar.
(un aparte)
Lo más duro son las noches. No porque te extrañe en ellas - que te extraño - sino porque cuando llega la noche ya he acumulado demasiadas horas consciente, despierto extrañándote.
Michel G. Cedrés
Escrito el 13 de Octubre de 2009
(un aparte)
Lo más duro son las noches. No porque te extrañe en ellas - que te extraño - sino porque cuando llega la noche ya he acumulado demasiadas horas consciente, despierto extrañándote.
Michel G. Cedrés
Escrito el 13 de Octubre de 2009
adverticiencia
"...el exceso de precauciones puede llegar a resultar más significativo que su ausencia..."
Michel G.Cedrés
Escrito el 26 de Octubre de 2009
Michel G.Cedrés
Escrito el 26 de Octubre de 2009
de un invierno y otro
El invierno pasado fue frío. Inusitadamente frío. Lo recuerdo con toda claridad. La lluvia, el viento, el aire helado, los abrigos, las tardes grises, el amanecer triste. Y tu siempre en mis pensamientos. Lejos sin embargo.
Este año el invierno no ha dado señales de vida - extraña vida - y sin embargo, presiento que será más frio aún. Más gris, más triste. Y tu. Tu sigues estando en mis pensamientos, provocando mis más bellos sentimientos. Pero, más lejos aún. Sin embargo.
Michel G.Cedrés
Escrito el 23 de Octubre de 2009
Este año el invierno no ha dado señales de vida - extraña vida - y sin embargo, presiento que será más frio aún. Más gris, más triste. Y tu. Tu sigues estando en mis pensamientos, provocando mis más bellos sentimientos. Pero, más lejos aún. Sin embargo.
Michel G.Cedrés
Escrito el 23 de Octubre de 2009
la gota que me colma
Me derramo una y otra vez,
sobre la arena de la playa,
sobre estas mismas páginas,
me derramo sin cuidado,
deseando que un día, tu,
me recojas delicadamente.
Michel G.Cedrés
Escrito el 23 de Octubre de 2009
sobre la arena de la playa,
sobre estas mismas páginas,
me derramo sin cuidado,
deseando que un día, tu,
me recojas delicadamente.
Michel G.Cedrés
Escrito el 23 de Octubre de 2009
Alguna vez (No es casualidad)
Si alguna vez, ves luz en mis ojos, será sólo un reflejo externo.
Si alguna vez, asoma una sonrisa en mis labios, sabrás que será de compromiso para con otros.
Si alguna vez atisbas la felicidad en mi rostro o en mi forma de actuar, quiero que sepas que no es tal y que en todo caso es efímera, ficticia, pactada, simulada, comprometida.
Si alguna lágrima aflora en mis ojos sabrás que es por ti. Y si el llanto me sorprende en medio de la nada, será por ti también.
No quiero que te sientas culpable porque todo esto que siento siempre ha estado ahí. Aquí, en mi corazón, en mis entrañas.
Y si alguna vez me descubres huyendo, no lo impidas. Será que lo necesito. Será que ya no pude más y tuve que huir. Será que mi corazón esparcido fue incapaz de recobrar la entereza. Entonces, te pido que me entiendas y me dejes huir en paz, sin recriminarme nada porque ya nada podré ofrecerte.
Si alguna vez al llegar tú, yo desparezco, no te sientas ofendida, discúlpame, será que ya no podré soportarlo.
Si alguna vez no te miro, entiéndeme, será que aún no estoy preparado. Si alguna vez te percatas de que permanezco callado, ausente, no me lo tengas en cuenta. Será que mi garganta atenazada es incapaz de proferir sonido alguno.
Si alguna vez te sientes herida, te pido perdón porque lo último que desearía en esta vida, es hacerte daño.
Si alguna vez sientes al mirarme que ya no siento nada por ti, será que no me estás mirando.
Si de vez en cuando me observas y no me ves, debe de ser que me he ido, aunque físicamente siga estando ahí.
Escrito el 21 de Octubre de 2008.
Michel G. Cedrés
P.D. “Alguna vez”, es un sueño que me persigue, pero a pesar de ello yo no me siento huir. Con frecuencia espero por él, para permitir que me de alcance. Me siento vivo cuando me atrapa y me destripa casi literalmente. Luego, maltrecho, yo me recompongo despacito saboreando cual “sibarita”. Algunas veces tardo más y entonces parece como si disfrutara de tan ardua labor. Otras, sin embargo, alcanzo la entereza con inusitada prontitud y entonces le vuelvo a esperar, ansioso.
“Con frecuencia, “luego”, “algunas veces” y “otras”, son sólo excusas, pretextos para vivir -sortear- pasajes que en realidad me encantaría poder relatar en pasado y no en sueño, como hago ahora.
Post P.D.
Recomendable o no, tienes lo que soy.
- - - - - - o - - - - - -
Nota del autor.- (¿?.. que bobo)
“Si alguna vez”, forma parte de un relato más extenso que me dio por llamar “No es casualidad”, el cual decidí no transcribir para no menoscabar la imagen del autor (es decir, yo mismo), dado caso que el autor (es decir, yo) tuviera alguna imagen que menoscabar (es decir, la mía). Firmado: El autor (…, yo).
Si alguna vez, asoma una sonrisa en mis labios, sabrás que será de compromiso para con otros.
Si alguna vez atisbas la felicidad en mi rostro o en mi forma de actuar, quiero que sepas que no es tal y que en todo caso es efímera, ficticia, pactada, simulada, comprometida.
Si alguna lágrima aflora en mis ojos sabrás que es por ti. Y si el llanto me sorprende en medio de la nada, será por ti también.
No quiero que te sientas culpable porque todo esto que siento siempre ha estado ahí. Aquí, en mi corazón, en mis entrañas.
Y si alguna vez me descubres huyendo, no lo impidas. Será que lo necesito. Será que ya no pude más y tuve que huir. Será que mi corazón esparcido fue incapaz de recobrar la entereza. Entonces, te pido que me entiendas y me dejes huir en paz, sin recriminarme nada porque ya nada podré ofrecerte.
Si alguna vez al llegar tú, yo desparezco, no te sientas ofendida, discúlpame, será que ya no podré soportarlo.
Si alguna vez no te miro, entiéndeme, será que aún no estoy preparado. Si alguna vez te percatas de que permanezco callado, ausente, no me lo tengas en cuenta. Será que mi garganta atenazada es incapaz de proferir sonido alguno.
Si alguna vez te sientes herida, te pido perdón porque lo último que desearía en esta vida, es hacerte daño.
Si alguna vez sientes al mirarme que ya no siento nada por ti, será que no me estás mirando.
Si de vez en cuando me observas y no me ves, debe de ser que me he ido, aunque físicamente siga estando ahí.
Escrito el 21 de Octubre de 2008.
Michel G. Cedrés
P.D. “Alguna vez”, es un sueño que me persigue, pero a pesar de ello yo no me siento huir. Con frecuencia espero por él, para permitir que me de alcance. Me siento vivo cuando me atrapa y me destripa casi literalmente. Luego, maltrecho, yo me recompongo despacito saboreando cual “sibarita”. Algunas veces tardo más y entonces parece como si disfrutara de tan ardua labor. Otras, sin embargo, alcanzo la entereza con inusitada prontitud y entonces le vuelvo a esperar, ansioso.
“Con frecuencia, “luego”, “algunas veces” y “otras”, son sólo excusas, pretextos para vivir -sortear- pasajes que en realidad me encantaría poder relatar en pasado y no en sueño, como hago ahora.
Post P.D.
Recomendable o no, tienes lo que soy.
- - - - - - o - - - - - -
Nota del autor.- (¿?.. que bobo)
“Si alguna vez”, forma parte de un relato más extenso que me dio por llamar “No es casualidad”, el cual decidí no transcribir para no menoscabar la imagen del autor (es decir, yo mismo), dado caso que el autor (es decir, yo) tuviera alguna imagen que menoscabar (es decir, la mía). Firmado: El autor (…, yo).
Salto al vacío
Vete – le dijo al fin ella, intentando simular un enfado inexistente que pretendía, sin lograrlo, disimular un dolor que le quemaba por dentro.
Por favor, vete – consiguió susurrar ya sin disimular la angustia que sabía compartida con aquel hombre al que amaba y que sin embargo pretendía alejar de su vida para siempre, a pesar de leer en sus ojos en ese mismo instante, al pronunciar sus palabras, la sombra y el dolor que como a ella, le atenazaban hasta el punto de ser incapaz de proferir argumento alguno.
Parado delante de ella, mirándola fijamente percibió de súbito la misma sensación que años atrás le había helado las entrañas al saltar al vacío desde un puente – cuyo nombre ni se atrevía a recordar – en un alarde de valentía que había desaparecido desde minutos antes de arrojarse atado por los pies a una cuerda elástica y que no volvió a recuperar hasta años más tarde. Ahora sentía la misma angustia pero acrecentada por la certeza de saberse desprotegido sin la inquietante cuerda elástica.
Era capaz de percibir como se acercaba a toda velocidad al fondo del río, seco y letal, y antes de estrellarse, se oyó decir, - te amo –.
Los ojos de ella se iluminaron y él sintió como de golpe su cara se alejaba del, hasta entonces, inevitable lecho seco y letal, como si la inquietante cuerda elástica estuviera aún sujeta a sus pies.
Sin pensarlo siquiera, tras corresponder al apasionado beso que ella había entregado en sus labios, se alejó sin mirar atrás. Deseoso de volver, de volverse a mirarla.
Ya nunca más – pensó -, mientras caminaba a duras penas, la inquietante cuerda elástica enrollada en sus pies.
Michel G. Cedrés
Por favor, vete – consiguió susurrar ya sin disimular la angustia que sabía compartida con aquel hombre al que amaba y que sin embargo pretendía alejar de su vida para siempre, a pesar de leer en sus ojos en ese mismo instante, al pronunciar sus palabras, la sombra y el dolor que como a ella, le atenazaban hasta el punto de ser incapaz de proferir argumento alguno.
Parado delante de ella, mirándola fijamente percibió de súbito la misma sensación que años atrás le había helado las entrañas al saltar al vacío desde un puente – cuyo nombre ni se atrevía a recordar – en un alarde de valentía que había desaparecido desde minutos antes de arrojarse atado por los pies a una cuerda elástica y que no volvió a recuperar hasta años más tarde. Ahora sentía la misma angustia pero acrecentada por la certeza de saberse desprotegido sin la inquietante cuerda elástica.
Era capaz de percibir como se acercaba a toda velocidad al fondo del río, seco y letal, y antes de estrellarse, se oyó decir, - te amo –.
Los ojos de ella se iluminaron y él sintió como de golpe su cara se alejaba del, hasta entonces, inevitable lecho seco y letal, como si la inquietante cuerda elástica estuviera aún sujeta a sus pies.
Sin pensarlo siquiera, tras corresponder al apasionado beso que ella había entregado en sus labios, se alejó sin mirar atrás. Deseoso de volver, de volverse a mirarla.
Ya nunca más – pensó -, mientras caminaba a duras penas, la inquietante cuerda elástica enrollada en sus pies.
Michel G. Cedrés
Aquí.., allá.
Al llegar el amanecer temo despertar por si no te he soñado.
Normalmente no consigo recordar mis sueños o simplemente los olvido al cabo de un instante.
Con frecuencia despierto altivo, con ganas y siento como una enorme sonrisa se dibuja aquí y allá, en mí. Entonces, se que te he soñado y el resto del día es una fiesta, una algarabía.
Otras en cambio, al despertar me siento vacío, triste y una lágrima se dibuja aquí y allá, en mí. Entonces se que no te soñé y el resto del día es una pesadilla.
Y sueño con volver a dormir aún temiendo que al despertar siga sin soñarte, pero con la esperanza de amanecer altivo y con ganas, de sentir una espléndida sonrisa aquí y allá, en mí.
Invariablemente, aquí y allá, me resulta una distancia insalvable, como una pesadilla. Quizás porque allá está mi corazón y aquí, apenas un sueño.Ahora, de otro tiempo
Ahora en la playita
sólo hay musgo, restos de algas
donde antes había sonrisas.
Ahora los barcos
sólo son cascarones viejos
cuando antes eran navios.
Ahora el muelle
me pertenece, lo habito,
cuando antes lo compartía.
Ahora el sol
sólo me baña
cuando antes me regalaba vida.
Michel G. Cedrés
- - - - -
Letanía de un tiempo mejor. De otro tiempo; cuando la playita era la Playita, cuando los barcos eran los de la Playita, cuando el muelle no era un muellito, cuando el sol era una excusa…
Letanía: insistencia larga, prolongada…
sólo hay musgo, restos de algas
donde antes había sonrisas.
Ahora los barcos
sólo son cascarones viejos
cuando antes eran navios.
Ahora el muelle
me pertenece, lo habito,
cuando antes lo compartía.
Ahora el sol
sólo me baña
cuando antes me regalaba vida.
Michel G. Cedrés
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Letanía de un tiempo mejor. De otro tiempo; cuando la playita era la Playita, cuando los barcos eran los de la Playita, cuando el muelle no era un muellito, cuando el sol era una excusa…
Letanía: insistencia larga, prolongada…
Tormenta de - otro - verano
Desde hacía un buen rato había dejado de prestar atención a la conversación. Estaba entretenida rescatando de la memoria innumerables momentos vividos tiempo atrás en compañía de sus compañeros de mesa. Interminables tardes en la playa de La Garita, noches estrelladas en la muralla del muelle, confidencias adolescentes, algún que otro prohibido asadero, el primer amor de sus amigas, el suyo propio. Cada una de las personas que hoy se sentaban a su lado tenía algo que ver con su adolescencia.
Sin saber muy bien porque se descubrió sacando la cuenta del tiempo transcurrido desde que el amor la visitó por primera vez. Sorprendida, tras revisar la cuenta una y otra vez, concluyó en determinar que hacía casi un cuarto de siglo. Exactamente veinte y tres años.
¿y Marcos? – preguntó inconscientemente en voz alta.
- Aquí - le contestó una voz detrás suya.
Acababa de llegar en ese instante y sin siquiera tiempo para saludar, el recién llegado había sido descubierto.
¡Hola María! ¿Cuándo llegaste?
Con los consiguientes besos de bienvenida, el recién llegado se hizo hueco a su lado, arrimando una silla robada de una mesa contigua.
¿Hasta cuando te quedas? Cada año la misma consabida pregunta para encontrar la invariable respuesta en referencia al final del vacacional mes de Agosto.
La banal pregunta no hubiese tenido mayor trascendencia de no ser porque había sido formulada por quien fue su primer amor y que ahora sentado a su lado, había conseguido acelerar el palpitar de su corazón lo cual le impedía respirar con normalidad y formular una respuesta coherente.
Durante la media hora siguiente tuvo que hacer esfuerzos por controlar su desmesurada inquietud y poder al fin dirigirse a quien a su lado participaba activamente en la conversación comunitaria.
Poco a poco se fueron retirando uno tras otro sus compañeros de adolescencia. Un deseo confuso e incontrolado de prolongar la situación se había hecho fuerte en su mente. Al final de la noche sólo tres personas seguían degustando un frío botellín de cerveza Tropical. Vicente, Marcos y ella misma. No tardaron en quedarse solos porque a Vicente las obligaciones como padre le impedían permanecer.La conversación se prolongó, ya con el bar cerrado, sentados en la Playita de Los Barcos hasta muy tarde, haciendo un repaso del pasado.
Miguel G. Cedrés
Escrito el 10 de Septiembre de 2008
Sin saber muy bien porque se descubrió sacando la cuenta del tiempo transcurrido desde que el amor la visitó por primera vez. Sorprendida, tras revisar la cuenta una y otra vez, concluyó en determinar que hacía casi un cuarto de siglo. Exactamente veinte y tres años.
¿y Marcos? – preguntó inconscientemente en voz alta.
- Aquí - le contestó una voz detrás suya.
Acababa de llegar en ese instante y sin siquiera tiempo para saludar, el recién llegado había sido descubierto.
¡Hola María! ¿Cuándo llegaste?
Con los consiguientes besos de bienvenida, el recién llegado se hizo hueco a su lado, arrimando una silla robada de una mesa contigua.
¿Hasta cuando te quedas? Cada año la misma consabida pregunta para encontrar la invariable respuesta en referencia al final del vacacional mes de Agosto.
La banal pregunta no hubiese tenido mayor trascendencia de no ser porque había sido formulada por quien fue su primer amor y que ahora sentado a su lado, había conseguido acelerar el palpitar de su corazón lo cual le impedía respirar con normalidad y formular una respuesta coherente.
Durante la media hora siguiente tuvo que hacer esfuerzos por controlar su desmesurada inquietud y poder al fin dirigirse a quien a su lado participaba activamente en la conversación comunitaria.
Poco a poco se fueron retirando uno tras otro sus compañeros de adolescencia. Un deseo confuso e incontrolado de prolongar la situación se había hecho fuerte en su mente. Al final de la noche sólo tres personas seguían degustando un frío botellín de cerveza Tropical. Vicente, Marcos y ella misma. No tardaron en quedarse solos porque a Vicente las obligaciones como padre le impedían permanecer.La conversación se prolongó, ya con el bar cerrado, sentados en la Playita de Los Barcos hasta muy tarde, haciendo un repaso del pasado.
Miguel G. Cedrés
Escrito el 10 de Septiembre de 2008
Todavía
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Mario Benedetti
No lo creo todavía
estás llegando a mi lado
y la noche es un puñado
de estrellas y de alegría
palpo gusto escucho y veo
tu rostro tu paso largo
tus manos y sin embargo
todavía no lo creo
tu regreso tiene tanto
que ver contigo y conmigo
que por cábala lo digo
y por las dudas lo canto
nadie nunca te reemplaza
y las cosas más triviales
se vuelven fundamentales
porque estás llegando a casa
sin embargo todavía
dudo de esta buena suerte
porque el cielo de tenerte
me parece fantasía
pero venís y es seguro
y venís con tu mirada
y por eso tu llegada
hace mágico el futuro
y aunque no siempre he entendido
mis culpas y mis fracasos
en cambio sé que en tus brazos
el mundo tiene sentido
y si beso la osadía
y el misterio de tus labios
no habrá dudas ni resabios
te querré más
todavía.
Mario Benedetti
Regalitos
Acabo de darme cuenta. Son más de las doce y ya es día seis. Mañana te vas.
Disfrutar esta misma mañana de tu compañía a solas, de una manera tan inesperada ha sido todo un regalo. Recorrer Punta Mujeres en busca de unos duraznos que de antemano sabía que no encontraríamos, ha sido una estratagema perdonable pues nada deseaba más que disfrutar de ti para mi solo, por un breve instante.
Sentarnos en la nada idílica "terraza" de un popular y novelero minimarket de pueblo costero eminentemente estival, todo un lujo, cual si se tratara de una coqueta y distinguida terracita de un más aún coqueto y entrañable hotelito de lujo con una vista de ensueño sobre un mar vespertino y dorado por efecto de los rayos de un sol esperanzador.
Simplemente, me encantó compartir contigo el segundo café de la mañana y más aún al descubrir que aún llevabas tu camisón.., que dicho sea de paso, te sienta sensualmente bien.
Por un momento imaginé que vivía otra historia mil veces deseada y desperté justo en el momento en que decidimos irnos. Hubiera deseado inventarme otra excusa para retenerte pero me contuve y te llevé de vuelta a casa, deseoso a la vez que temeroso de hacerte incumplir tus propósitos, esos que tanto respeto y que tanto odio, por igual.
Me encanta arrancarle minutos a tu lado a la vida. Es muy lindo estar a tu lado.., verte sonreir y de pronto poner caritas por mis ridículas ocurrencias.
Gracias por los regalitos.., por compartir.
Disfrutar esta misma mañana de tu compañía a solas, de una manera tan inesperada ha sido todo un regalo. Recorrer Punta Mujeres en busca de unos duraznos que de antemano sabía que no encontraríamos, ha sido una estratagema perdonable pues nada deseaba más que disfrutar de ti para mi solo, por un breve instante.
Sentarnos en la nada idílica "terraza" de un popular y novelero minimarket de pueblo costero eminentemente estival, todo un lujo, cual si se tratara de una coqueta y distinguida terracita de un más aún coqueto y entrañable hotelito de lujo con una vista de ensueño sobre un mar vespertino y dorado por efecto de los rayos de un sol esperanzador.
Simplemente, me encantó compartir contigo el segundo café de la mañana y más aún al descubrir que aún llevabas tu camisón.., que dicho sea de paso, te sienta sensualmente bien.
Por un momento imaginé que vivía otra historia mil veces deseada y desperté justo en el momento en que decidimos irnos. Hubiera deseado inventarme otra excusa para retenerte pero me contuve y te llevé de vuelta a casa, deseoso a la vez que temeroso de hacerte incumplir tus propósitos, esos que tanto respeto y que tanto odio, por igual.
Me encanta arrancarle minutos a tu lado a la vida. Es muy lindo estar a tu lado.., verte sonreir y de pronto poner caritas por mis ridículas ocurrencias.
Gracias por los regalitos.., por compartir.
los dos amantes (réplica)
No desesperes. Está por llegar.
Llevo días escribiéndola, pero no hago más que tachar y tachar.. Estoy disfrutando en el intento.
- - - - -
Excusas - no sin exclusas -.
He descubierto al fin que no soy capaz de imaginar un encuentro amoroso donde tu seas la protagonista femenina. Tal vez de imaginarlo tantas veces, de tanto desearlo, lo he idealizado, tal vez incluso platonizado y me da pena - como dirían en México – escribirlo, contarlo.
Pero reconozco que lo he intentado. Juro que empecé a relatarlo. Que a la mitad tuve que dejarlo. Que no pasaba a mayores. Que me quedaba en tiernos besos, aún deseando arrancarte gemidos y provocarte espasmos. Que me puede la ternura y el amor. Que no quiero imaginarlo, tal vez por el dolor de no lograrlo o por el deseo en si mismo. Por la intriga de descubrirlo o el placer de perpetuarlo.
Así es que he desistido – derrotado - de rozar tus labios, de sentir tu piel desnuda en mi piel, de tocar tus senos, de besar tus pliegues, de recorrer tus rinconcitos, de descubrir tus aromas, de deleitarme con tus caricias, de permitirme arrancarte gemidos y profundos ronroneos cual gata en celo, de provocar tus besos ansiosos, de recibir tu acoso, de permitirte excesos, de perdonártelos interesadamente…, o cuando menos, he desistido de escribirlo, de contártelo.
Llevo días escribiéndola, pero no hago más que tachar y tachar.. Estoy disfrutando en el intento.
- - - - -
Excusas - no sin exclusas -.
He descubierto al fin que no soy capaz de imaginar un encuentro amoroso donde tu seas la protagonista femenina. Tal vez de imaginarlo tantas veces, de tanto desearlo, lo he idealizado, tal vez incluso platonizado y me da pena - como dirían en México – escribirlo, contarlo.
Pero reconozco que lo he intentado. Juro que empecé a relatarlo. Que a la mitad tuve que dejarlo. Que no pasaba a mayores. Que me quedaba en tiernos besos, aún deseando arrancarte gemidos y provocarte espasmos. Que me puede la ternura y el amor. Que no quiero imaginarlo, tal vez por el dolor de no lograrlo o por el deseo en si mismo. Por la intriga de descubrirlo o el placer de perpetuarlo.
Así es que he desistido – derrotado - de rozar tus labios, de sentir tu piel desnuda en mi piel, de tocar tus senos, de besar tus pliegues, de recorrer tus rinconcitos, de descubrir tus aromas, de deleitarme con tus caricias, de permitirme arrancarte gemidos y profundos ronroneos cual gata en celo, de provocar tus besos ansiosos, de recibir tu acoso, de permitirte excesos, de perdonártelos interesadamente…, o cuando menos, he desistido de escribirlo, de contártelo.
los dos amantes
La observó frente a sí, en pie, erguida. Fátima se quitó la túnica. Hernando contuvo la respiración ante la belleza del brillante cuerpo que le mostraba; sus pechos, grandes y firmes, se movían rítmicamente al compás de un deseo que la muchacha no podía esconder.
- Ven – volvió a susurrarle después de unos instantes en los que sólo se escuchó la entrecortada respiración de ambos jóvenes.
Hernando se acercó. Fátima tomó una de sus manos y la llevó a sus senos. Hernando los acarició y pellizcó con suavidad uno de sus erectos pezones. La leche brotó de él y Fátima jadeó. Hernando insistió. Un chorro de leche saltó y empapó su rostro. Los dos rieron. Fátima le hizo un gesto y él agachó la cabeza para mamar el néctar mientras deslizaba las manos por la curva de su espalda, hasta las nalgas, firmes. Entonces la muchacha lo desnudó, recorriendo su cuerpo con los labios, besándole dulce y tiernamente. Hernando se estremeció al contacto de los labios de Fátima con su miembro erecto. Fátima lo llevó al lecho. Tumbados los dos, ella intentó buscar el placer que nunca había encontrado en su esposo en un Hernando inexperto que sólo pretendía montarla. Recordó uno de los consejos del jeque Nefzawi de Túnez, transmitidos de mujer a mujer y se lo susurró al oído, mientras Hernando, encima de ella, pugnaba por introducir su pene:
- No te amaré, si no es con la condición de que juntes las ajorcas de mis tobillos con mis pendientes.
Hernando detuvo sus embates. Se incorporó y liberó de su peso el cuerpo de la muchacha. ¿Qué decía? ¿Sus tobillos en las orejas?. Interrogó a Fátima con la mirada y ella le sonrió pícaramente mientras empezaba a alzar las piernas. La penetró con ternura, pendiente de sus susurros: despacio, te quiero, despacio, quiéreme..., pero cuando sus cuerpos llegaron por fin a fundirse en uno solo, Fátima lanzó un aullido que rompió el hechizo y erizó el vello de Hernando. Entonces sus requerimientos se confundieron entre suspiros y jadeos, y Hernando se abandonó al ritmo que le marcaban los gemidos de placer de la muchacha. Alcanzaron el orgasmo al tiempo y tras entregarse a su propio éxtasis, quedaron en silencio. Al cabo de un rato, Hernando abrió los ojos y observó el semblante de Fátima por entre las piernas: mantenía los labios apretados y los ojos firmemente cerrados, como si tratase de retener aquel momento.
- Te amo – dijo Hernando.
Ella continuó sin mostrarle sus preciosos ojos negros, pero sus labios se extendieron en una sonrisa.
- Dímelo otra vez – susurró.
- Te amo.
La noche se les escapó entre besos, risas, caricias, jugueteos y promesas, ¡miles de ellas!. Hicieron el amor en más ocasiones y Fátima encontró por fin el sentido de todas y cada una de aquellas antiguas leyes del placer, su cuerpo atento al más leve de los contactos, su espíritu definitivamente entregado al goce de los sentidos. Hernando la siguió en su camino, descubriendo ese inmenso mundo de sensaciones que sólo logran verse satisfechas con las convulsiones y espasmos del éxtasis. Y después, cada vez, se juraban el uno al otro, entregarse el universo entero.
...
Del libro “La mano de Fátima”
Ildefonso Falcones
- Ven – volvió a susurrarle después de unos instantes en los que sólo se escuchó la entrecortada respiración de ambos jóvenes.
Hernando se acercó. Fátima tomó una de sus manos y la llevó a sus senos. Hernando los acarició y pellizcó con suavidad uno de sus erectos pezones. La leche brotó de él y Fátima jadeó. Hernando insistió. Un chorro de leche saltó y empapó su rostro. Los dos rieron. Fátima le hizo un gesto y él agachó la cabeza para mamar el néctar mientras deslizaba las manos por la curva de su espalda, hasta las nalgas, firmes. Entonces la muchacha lo desnudó, recorriendo su cuerpo con los labios, besándole dulce y tiernamente. Hernando se estremeció al contacto de los labios de Fátima con su miembro erecto. Fátima lo llevó al lecho. Tumbados los dos, ella intentó buscar el placer que nunca había encontrado en su esposo en un Hernando inexperto que sólo pretendía montarla. Recordó uno de los consejos del jeque Nefzawi de Túnez, transmitidos de mujer a mujer y se lo susurró al oído, mientras Hernando, encima de ella, pugnaba por introducir su pene:
- No te amaré, si no es con la condición de que juntes las ajorcas de mis tobillos con mis pendientes.
Hernando detuvo sus embates. Se incorporó y liberó de su peso el cuerpo de la muchacha. ¿Qué decía? ¿Sus tobillos en las orejas?. Interrogó a Fátima con la mirada y ella le sonrió pícaramente mientras empezaba a alzar las piernas. La penetró con ternura, pendiente de sus susurros: despacio, te quiero, despacio, quiéreme..., pero cuando sus cuerpos llegaron por fin a fundirse en uno solo, Fátima lanzó un aullido que rompió el hechizo y erizó el vello de Hernando. Entonces sus requerimientos se confundieron entre suspiros y jadeos, y Hernando se abandonó al ritmo que le marcaban los gemidos de placer de la muchacha. Alcanzaron el orgasmo al tiempo y tras entregarse a su propio éxtasis, quedaron en silencio. Al cabo de un rato, Hernando abrió los ojos y observó el semblante de Fátima por entre las piernas: mantenía los labios apretados y los ojos firmemente cerrados, como si tratase de retener aquel momento.
- Te amo – dijo Hernando.
Ella continuó sin mostrarle sus preciosos ojos negros, pero sus labios se extendieron en una sonrisa.
- Dímelo otra vez – susurró.
- Te amo.
La noche se les escapó entre besos, risas, caricias, jugueteos y promesas, ¡miles de ellas!. Hicieron el amor en más ocasiones y Fátima encontró por fin el sentido de todas y cada una de aquellas antiguas leyes del placer, su cuerpo atento al más leve de los contactos, su espíritu definitivamente entregado al goce de los sentidos. Hernando la siguió en su camino, descubriendo ese inmenso mundo de sensaciones que sólo logran verse satisfechas con las convulsiones y espasmos del éxtasis. Y después, cada vez, se juraban el uno al otro, entregarse el universo entero.
...
Del libro “La mano de Fátima”
Ildefonso Falcones
Luces sin sombra.
La debil luna, ya sin color,
no tiñe de plata el camino
que antaño me llevó hasta ti.
Sus rayos insisten, sin saber
que la luz a la puerta de tu morada
yace apagada, ya sin calor.
no tiñe de plata el camino
que antaño me llevó hasta ti.
Sus rayos insisten, sin saber
que la luz a la puerta de tu morada
yace apagada, ya sin calor.
esas mismas calles
Caminar por las calles
donde tu y yo
hace tiempo vivimos
nuestra historia de amor.
Que ahora se repite
pero no somos dos
locos adolescentes
ya me hice mayor.
Necesito creer
que piensas aún en mí
Necesito saber
que quieres ser feliz…
Caminar esas calles
me provoca dolor
si no estás en ellas
tampoco estoy yo.
Extraño tu mirada
y también tu voz.
Vuelve pronto a mi vida
por el bien de los dos.
Necesito creer
que piensas aún en mi
Necesito saber
que quieres ser feliz…, a mi lado.
.. a mi lado.
donde tu y yo
hace tiempo vivimos
nuestra historia de amor.
Que ahora se repite
pero no somos dos
locos adolescentes
ya me hice mayor.
Necesito creer
que piensas aún en mí
Necesito saber
que quieres ser feliz…
Caminar esas calles
me provoca dolor
si no estás en ellas
tampoco estoy yo.
Extraño tu mirada
y también tu voz.
Vuelve pronto a mi vida
por el bien de los dos.
Necesito creer
que piensas aún en mi
Necesito saber
que quieres ser feliz…, a mi lado.
.. a mi lado.
Secuestro y huida
30 de Abril de 2009, Jueves
Se me va la lengua. Ardo en deseos de contarte todo lo que estoy sintiendo. Percibo con fuerza la necesidad de compartirlo contigo. Y si fuera posible, mirarte a los ojos mientras lo hago, para saciar mi necesidad de saberte, para luego escucharte atentamente deseoso de no morir en tus palabras, de descubrir una sonrisa en tu rostro. Lo imagino una y mil veces sintiendo como se me hincha el pecho de la emoción. Las más de las veces hasta siento como si me faltara el aire y es entonces cuando lo suelto permitiéndome respirar, sonriendo como si de verdad estuviera sucediendo.
- ¿Ande vas?- me dije esta mañana cuando se me escapó un "te echaré de menos" al despedirnos. Porque, realmente se escapó de mis pensamientos y fué a parar a tu pantalla sin que fuera algo premeditado. Ese sentimiento había sido retenido contra su voluntad durante mucho tiempo, durante el que me había obligado a ser coherente y comedido. Hoy sencillamente, no fuí capaz de retenerlo y huyó buscándote.
Espero no haber irrumpido otra vez sin tu permiso.
Se me va la lengua. Ardo en deseos de contarte todo lo que estoy sintiendo. Percibo con fuerza la necesidad de compartirlo contigo. Y si fuera posible, mirarte a los ojos mientras lo hago, para saciar mi necesidad de saberte, para luego escucharte atentamente deseoso de no morir en tus palabras, de descubrir una sonrisa en tu rostro. Lo imagino una y mil veces sintiendo como se me hincha el pecho de la emoción. Las más de las veces hasta siento como si me faltara el aire y es entonces cuando lo suelto permitiéndome respirar, sonriendo como si de verdad estuviera sucediendo.
- ¿Ande vas?- me dije esta mañana cuando se me escapó un "te echaré de menos" al despedirnos. Porque, realmente se escapó de mis pensamientos y fué a parar a tu pantalla sin que fuera algo premeditado. Ese sentimiento había sido retenido contra su voluntad durante mucho tiempo, durante el que me había obligado a ser coherente y comedido. Hoy sencillamente, no fuí capaz de retenerlo y huyó buscándote.
Espero no haber irrumpido otra vez sin tu permiso.
Conjugaciones de futuro imperfecto..
2 de Junio de 2009, Martes
Muro de las lamentaciones irremediablemente repetitivo, incesante. Más allá de la madrugada.
Luna in crescendo. Nubes esparcidas que me permiten en zigzagueante armonía observar algunas estrellas que oportunamente evocan a un verano próximo y excitante, que no se si quiero que llegue. La mar en parsimoniosa calma apenas acaricia la orilla, que parece agradecer la calma, por fin. La suave brisa a duras penas capaz de refrescar el aire que durante todo el día el sol fué calentando. A lo lejos, las ya familiares luces de las casitas de Mala y como queriendo perdurar, el resplandor de un sol que ya hace horas que se ocultó, insitiendo en siluetear las suaves formas de los volcanes ahora dormidos, que sin pretenderlo me recuerdan a ti...
Volcanes que un día lejano, escupieron lava incandescente y cenizas, demostrando ser capaces de crear, de expandirse, llenándolo todo, vertiendo un manto que al contacto con el aire se solidificó creando una corteza inexpugnable, impenetrable que ahora impide que la lluvia orade sus formas. Volcanes que un día mostraron su furia, su pasión, su deseo, su fuerza y que hoy existen porque si, sin pretensiones, sin futuro cierto.
Una conjugación del pasado que sin embargo enmarca un presente sin futuro.
Porque durante todo este tiempo me empeñé en conjugar un pasado platónico con matices de presente perfecto y de futuro incierto de un verbo erroneamente irregular: amar, sin siquiera darme cuenta de que lo que realmente había sido perfecto era el pasado, incierto el presente y platónico el futuro.
Pero qué te voy a explicar, si ya todo ha cobrado sentido al fin. Tu misma, hoy, has conjugado a la perfección un pasado estupendo que consiguió devolverme a un presente sin pretensiones de futuro.
No pienses que te culpo. Nada más lejos de mi sentimiento, de mi pretensión.
No quise ver. Fuí yo quien creó mentiras de esperanza, visiones imaginarias, ilusiones infundadas. Fuí yo quien cada noche se dormía deseando soñarte sin saber que jamás estarías en la mañana. Quien planeó. Quien construyó historias para sonreir y se dejó pasear en la madrugada. Fuí yo quien negó la evidencia y soñó con ser dragón de una preciosa princesa enamorada...
Siento, que no he aprendido nada, pues aún ahora sigo aquí enamorado de ti como si nada pasara.
Lejos, muy lejos queda ya el brillo de tu mirada y el calor de tus labios, que despertaron en mi, pasión y ansiedad de un mañana.
No puedo evitar pensar en que todo esto no se acaba. Pero.., no te inquietes. Sigo estando aquí, pero como si nada pasara.., como si no pasara nada.
Muro de las lamentaciones irremediablemente repetitivo, incesante. Más allá de la madrugada.
Luna in crescendo. Nubes esparcidas que me permiten en zigzagueante armonía observar algunas estrellas que oportunamente evocan a un verano próximo y excitante, que no se si quiero que llegue. La mar en parsimoniosa calma apenas acaricia la orilla, que parece agradecer la calma, por fin. La suave brisa a duras penas capaz de refrescar el aire que durante todo el día el sol fué calentando. A lo lejos, las ya familiares luces de las casitas de Mala y como queriendo perdurar, el resplandor de un sol que ya hace horas que se ocultó, insitiendo en siluetear las suaves formas de los volcanes ahora dormidos, que sin pretenderlo me recuerdan a ti...
Volcanes que un día lejano, escupieron lava incandescente y cenizas, demostrando ser capaces de crear, de expandirse, llenándolo todo, vertiendo un manto que al contacto con el aire se solidificó creando una corteza inexpugnable, impenetrable que ahora impide que la lluvia orade sus formas. Volcanes que un día mostraron su furia, su pasión, su deseo, su fuerza y que hoy existen porque si, sin pretensiones, sin futuro cierto.
Una conjugación del pasado que sin embargo enmarca un presente sin futuro.
Porque durante todo este tiempo me empeñé en conjugar un pasado platónico con matices de presente perfecto y de futuro incierto de un verbo erroneamente irregular: amar, sin siquiera darme cuenta de que lo que realmente había sido perfecto era el pasado, incierto el presente y platónico el futuro.
Pero qué te voy a explicar, si ya todo ha cobrado sentido al fin. Tu misma, hoy, has conjugado a la perfección un pasado estupendo que consiguió devolverme a un presente sin pretensiones de futuro.
No pienses que te culpo. Nada más lejos de mi sentimiento, de mi pretensión.
No quise ver. Fuí yo quien creó mentiras de esperanza, visiones imaginarias, ilusiones infundadas. Fuí yo quien cada noche se dormía deseando soñarte sin saber que jamás estarías en la mañana. Quien planeó. Quien construyó historias para sonreir y se dejó pasear en la madrugada. Fuí yo quien negó la evidencia y soñó con ser dragón de una preciosa princesa enamorada...
Siento, que no he aprendido nada, pues aún ahora sigo aquí enamorado de ti como si nada pasara.
Lejos, muy lejos queda ya el brillo de tu mirada y el calor de tus labios, que despertaron en mi, pasión y ansiedad de un mañana.
No puedo evitar pensar en que todo esto no se acaba. Pero.., no te inquietes. Sigo estando aquí, pero como si nada pasara.., como si no pasara nada.
por no haber sabido...
14 de Mayo de 2009
He de pedirte perdón... Pedirte disculpas, ya sabes. De esas que se piden cuando uno siente que está haciendo algo que está mal pero que justifica por el hecho de no poder evitarlo.
Perdón por dar rienda suelta a mis sentimientos. Por permitir que, desbocados, autoricen y aún más animen a mi locuaz forma de expresión a transmitirte mis más profundos deseos.
Disculpas por no escucharte cuando algo menos de mil veces me has pedido que no irrumpa en tu vida. Por no saber contenerme y aprovechar la más mínima oportunidad para colar sutilmente (y a veces no tanto) en nuestras conversaciones retazos de mi incontrolable deseo de ser alguien en tu vida. Y por mi falta de sutileza.
Perdón por atreverme a cuestionar que no me llamaras y por pasar los días mirando la bandeja de los mensajes recibidos. Y la de las llamadas perdidas.
También he de pedirte disculpas por dudar. Por dudar de tus sentimientos y mucho más por pretender olvidarte.
Necesito que me perdones por mi exigente necesidad de saber que estás bien. Y también por aprenderme de memoria todos tus gestos, por llegar a enamorarme hasta de tus desplantes. Necesito que disculpes mi manía de escribirte casi cada día, aún a sabiendas de que no lo vas a leer. Y por mis repetitivos "buenos días" buscándote en el messenger.
Me gustaría que pudieras perdonarme que haya dejado de ir al muelle porque me duele estar allí solo.
Te pido disculpas por necesitarte y por no aprender a vivir sin ti. Y por no haber sido valiente cuando estando cerquita de ti, la cobardía me pudo y no fuí a verte. Y por haberlo conseguido.
Por haber perturbado tu paz, tu quehacer cotidiano, tu vida.
También por sentir que no te merecía y por parecer derrotista, cuando en realidad el júbilo me embargaba.
Y sin embargo, te pido disculpas por no atreverme. Por no haber sabido cual era el andén de tu tren. Por no llegar a tiempo y por no haber sabido leer los mensajes en su momento.
Hasta se me antoja necesario pedirte disculpas por este alegato exculpatorio que adolece de no tener sentido.
Y por último (ya era hora), te pido perdón por este suave beso (¿SK?) que no puedo evitar entregarte como regalo por tantos sentimientos bellos que despiertas en mi...
He de pedirte perdón... Pedirte disculpas, ya sabes. De esas que se piden cuando uno siente que está haciendo algo que está mal pero que justifica por el hecho de no poder evitarlo.
Perdón por dar rienda suelta a mis sentimientos. Por permitir que, desbocados, autoricen y aún más animen a mi locuaz forma de expresión a transmitirte mis más profundos deseos.
Disculpas por no escucharte cuando algo menos de mil veces me has pedido que no irrumpa en tu vida. Por no saber contenerme y aprovechar la más mínima oportunidad para colar sutilmente (y a veces no tanto) en nuestras conversaciones retazos de mi incontrolable deseo de ser alguien en tu vida. Y por mi falta de sutileza.
Perdón por atreverme a cuestionar que no me llamaras y por pasar los días mirando la bandeja de los mensajes recibidos. Y la de las llamadas perdidas.
También he de pedirte disculpas por dudar. Por dudar de tus sentimientos y mucho más por pretender olvidarte.
Necesito que me perdones por mi exigente necesidad de saber que estás bien. Y también por aprenderme de memoria todos tus gestos, por llegar a enamorarme hasta de tus desplantes. Necesito que disculpes mi manía de escribirte casi cada día, aún a sabiendas de que no lo vas a leer. Y por mis repetitivos "buenos días" buscándote en el messenger.
Me gustaría que pudieras perdonarme que haya dejado de ir al muelle porque me duele estar allí solo.
Te pido disculpas por necesitarte y por no aprender a vivir sin ti. Y por no haber sido valiente cuando estando cerquita de ti, la cobardía me pudo y no fuí a verte. Y por haberlo conseguido.
Por haber perturbado tu paz, tu quehacer cotidiano, tu vida.
También por sentir que no te merecía y por parecer derrotista, cuando en realidad el júbilo me embargaba.
Y sin embargo, te pido disculpas por no atreverme. Por no haber sabido cual era el andén de tu tren. Por no llegar a tiempo y por no haber sabido leer los mensajes en su momento.
Hasta se me antoja necesario pedirte disculpas por este alegato exculpatorio que adolece de no tener sentido.
Y por último (ya era hora), te pido perdón por este suave beso (¿SK?) que no puedo evitar entregarte como regalo por tantos sentimientos bellos que despiertas en mi...
Amor
26 de Mayo de 2009
Amor..,
sinuosa palabra que no sé explicar,
ligera fragancia que me inunda,
sueño imperturbable que no acaba,
minutos eternos sin tu llegada,
horas efímeras con tu mirada.
Michel G. Cedrés
Amor..,
sinuosa palabra que no sé explicar,
ligera fragancia que me inunda,
sueño imperturbable que no acaba,
minutos eternos sin tu llegada,
horas efímeras con tu mirada.
Michel G. Cedrés
Mario Benedetti.. extracto.
19 de Mayo de 2009, Martes
"..si alguna vez advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo..."
No pude o no supe o tal vez no quise evitar llorar al escuchar como nos dejaba al que siempre consideré "mi amigo Mario". Sólo con utilizar su nombre de pila era suficiente para referirme a él. Siempre presente en mis episodios vitales, siempre demostrándome que lo simple es lo que cuenta.
Gracias Mario, por permitirme contar contigo.
Táctica y estrategia
Hagamos un trato
Viceversa
"..si alguna vez advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo..."
No pude o no supe o tal vez no quise evitar llorar al escuchar como nos dejaba al que siempre consideré "mi amigo Mario". Sólo con utilizar su nombre de pila era suficiente para referirme a él. Siempre presente en mis episodios vitales, siempre demostrándome que lo simple es lo que cuenta.
Gracias Mario, por permitirme contar contigo.
"Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere."
de Hombre preso que mira a su hijoTáctica y estrategia
Hagamos un trato
Viceversa
Y si fuera posible
18 de Mayo de 2009, Lunes
De lo que me hubiera gustado que fuera, me quedaría con la expresión de tu mirada justo un segundo antes de acercarte a mi cara para rozar con tus labios los míos.
De lo que podía haber sido y no fué, me reservo el derecho a imaginar el ragalo de tu sonrisa cada mañana, así como el estar a tu lado cuando más lo necesitas, cuando te sientes abatida, cuando crees que todo se derrumba y sólo necesitas sentir que no estás sola, una palabra de aliento.
Del presente, incierto y efímero, tal vez atesoraría la esperanza de seguir estando, de seguir contando, de seguir sintiendo.
De lo que está por venir, me gustaría no tener que imaginar, no tener que escribir ya el final, cual escritor que disfruta exprimiendo su obra.
Y por si fuera necesario, del final me quedaría.., con volver a empezar.
De lo que me hubiera gustado que fuera, me quedaría con la expresión de tu mirada justo un segundo antes de acercarte a mi cara para rozar con tus labios los míos.
De lo que podía haber sido y no fué, me reservo el derecho a imaginar el ragalo de tu sonrisa cada mañana, así como el estar a tu lado cuando más lo necesitas, cuando te sientes abatida, cuando crees que todo se derrumba y sólo necesitas sentir que no estás sola, una palabra de aliento.
Del presente, incierto y efímero, tal vez atesoraría la esperanza de seguir estando, de seguir contando, de seguir sintiendo.
De lo que está por venir, me gustaría no tener que imaginar, no tener que escribir ya el final, cual escritor que disfruta exprimiendo su obra.
Y por si fuera necesario, del final me quedaría.., con volver a empezar.
Intramuros
Miércoles, 1 de Octubre de 2008
Aturdido aún, se descubrió vagando sin rumbo por las callejuelas vacías y oscuras de Vegueta, entre piedras y adoquines mojados por el efecto de la lluvia que durante toda la tarde insistió en recordarle que aquel no iba a ser precisamente el mejor día de su vida.
No se sentía sorprendido porque de alguna manera había tenido la certeza de que aquella preciosa historia iniciada veinticuatro años antes, iba a terminar para siempre tras el encuentro de esa tarde. Sin embargo, no era capaz de evitar sentirse abatido al tomar consciencia de que su presentimiento se había materializado golpeándole en lo más profundo de sus, en aquel momento, maltrechos sentimientos.
Sus pensamientos iban y volvían del pasado al presente haciéndole revivir cada uno de los instantes junto a ella.
Le molestaba no ser capaz de recordar con total claridad todos y cada uno de esos instantes, pero le dolían igualmente produciéndole un daño tan intenso que por momentos sentía la necesidad de pararse a tomar resuello. El aire se le antojaba denso, la tenue y ocre luz de las farolas de la calle, el reflejo de sus húmedos ojos.
Encontró consuelo en una caña de dorada cerveza turbia que le sirvió una dicharachera camarera de una terracita que en medio de la calle y bajo grandes parasoles daba cobijo a pequeños grupos de animados clientes que aquel miércoles sintieron la llamada a reunirse y parlotear incansablemente. A pesar de no tener ganas de comer se obligó a pedir una tapa de tortilla, al sentir una punzada de hambre en su estómago, hasta aquel momento olvidado, ignorado.
Intentó convencerse en vano de que lo ocurrido era lo mejor para los dos. La situación de ella impedía llevar a buen término de una forma razonablmente coherente la relación que ámbos deseaban. No obstante, el sentimiento de ámbos era tan intenso que habían tomado de común acuerdo la decisión de no volver a contactar. De ahora en adelante no habrían más llamadas, ni más mensajitos al móvil, ni chateo en el messenger, ni siquiera un simple correo.
Esa sola idea de incomunicación le atormentaba dolorosamente, cuando le despertó de su letargo una sonora carcajada que profirió una escandalosa mujer que divertida atendía las explicaciones de una amiga que relataba minuciosamente un episodio vivido esa misma tarde en los probadores de El Corte Inglés...
Aturdido aún, se descubrió vagando sin rumbo por las callejuelas vacías y oscuras de Vegueta, entre piedras y adoquines mojados por el efecto de la lluvia que durante toda la tarde insistió en recordarle que aquel no iba a ser precisamente el mejor día de su vida.
No se sentía sorprendido porque de alguna manera había tenido la certeza de que aquella preciosa historia iniciada veinticuatro años antes, iba a terminar para siempre tras el encuentro de esa tarde. Sin embargo, no era capaz de evitar sentirse abatido al tomar consciencia de que su presentimiento se había materializado golpeándole en lo más profundo de sus, en aquel momento, maltrechos sentimientos.
Sus pensamientos iban y volvían del pasado al presente haciéndole revivir cada uno de los instantes junto a ella.
Le molestaba no ser capaz de recordar con total claridad todos y cada uno de esos instantes, pero le dolían igualmente produciéndole un daño tan intenso que por momentos sentía la necesidad de pararse a tomar resuello. El aire se le antojaba denso, la tenue y ocre luz de las farolas de la calle, el reflejo de sus húmedos ojos.
Encontró consuelo en una caña de dorada cerveza turbia que le sirvió una dicharachera camarera de una terracita que en medio de la calle y bajo grandes parasoles daba cobijo a pequeños grupos de animados clientes que aquel miércoles sintieron la llamada a reunirse y parlotear incansablemente. A pesar de no tener ganas de comer se obligó a pedir una tapa de tortilla, al sentir una punzada de hambre en su estómago, hasta aquel momento olvidado, ignorado.
Intentó convencerse en vano de que lo ocurrido era lo mejor para los dos. La situación de ella impedía llevar a buen término de una forma razonablmente coherente la relación que ámbos deseaban. No obstante, el sentimiento de ámbos era tan intenso que habían tomado de común acuerdo la decisión de no volver a contactar. De ahora en adelante no habrían más llamadas, ni más mensajitos al móvil, ni chateo en el messenger, ni siquiera un simple correo.
Esa sola idea de incomunicación le atormentaba dolorosamente, cuando le despertó de su letargo una sonora carcajada que profirió una escandalosa mujer que divertida atendía las explicaciones de una amiga que relataba minuciosamente un episodio vivido esa misma tarde en los probadores de El Corte Inglés...
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