Mario Benedetti.. extracto.

19 de Mayo de 2009, Martes

"..si alguna vez advierte
que la miro a los ojos
y una veta de amor
reconoce en los míos
no alerte sus fusiles
ni piense qué delirio
a pesar de la veta
o tal vez porque existe
usted puede contar
conmigo..."

No pude o no supe o tal vez no quise evitar llorar al escuchar como nos dejaba al que siempre consideré "mi amigo Mario". Sólo con utilizar su nombre de pila era suficiente para referirme a él. Siempre presente en mis episodios vitales, siempre demostrándome que lo simple es lo que cuenta.
Gracias Mario, por permitirme contar contigo.

"Uno no siempre hace lo que quiere
pero tiene el derecho de no hacer
lo que no quiere."
de Hombre preso que mira a su hijo

Táctica y estrategia
Hagamos un trato
Viceversa

Y si fuera posible

18 de Mayo de 2009, Lunes

De lo que me hubiera gustado que fuera, me quedaría con la expresión de tu mirada justo un segundo antes de acercarte a mi cara para rozar con tus labios los míos.

De lo que podía haber sido y no fué, me reservo el derecho a imaginar el ragalo de tu sonrisa cada mañana, así como el estar a tu lado cuando más lo necesitas, cuando te sientes abatida, cuando crees que todo se derrumba y sólo necesitas sentir que no estás sola, una palabra de aliento.

Del presente, incierto y efímero, tal vez atesoraría la esperanza de seguir estando, de seguir contando, de seguir sintiendo.

De lo que está por venir, me gustaría no tener que imaginar, no tener que escribir ya el final, cual escritor que disfruta exprimiendo su obra.

Y por si fuera necesario, del final me quedaría.., con volver a empezar.

Intramuros

Miércoles, 1 de Octubre de 2008

Aturdido aún, se descubrió vagando sin rumbo por las callejuelas vacías y oscuras de Vegueta, entre piedras y adoquines mojados por el efecto de la lluvia que durante toda la tarde insistió en recordarle que aquel no iba a ser precisamente el mejor día de su vida.
No se sentía sorprendido porque de alguna manera había tenido la certeza de que aquella preciosa historia iniciada veinticuatro años antes, iba a terminar para siempre tras el encuentro de esa tarde. Sin embargo, no era capaz de evitar sentirse abatido al tomar consciencia de que su presentimiento se había materializado golpeándole en lo más profundo de sus, en aquel momento, maltrechos sentimientos.
Sus pensamientos iban y volvían del pasado al presente haciéndole revivir cada uno de los instantes junto a ella.
Le molestaba no ser capaz de recordar con total claridad todos y cada uno de esos instantes, pero le dolían igualmente produciéndole un daño tan intenso que por momentos sentía la necesidad de pararse a tomar resuello. El aire se le antojaba denso, la tenue y ocre luz de las farolas de la calle, el reflejo de sus húmedos ojos.
Encontró consuelo en una caña de dorada cerveza turbia que le sirvió una dicharachera camarera de una terracita que en medio de la calle y bajo grandes parasoles daba cobijo a pequeños grupos de animados clientes que aquel miércoles sintieron la llamada a reunirse y parlotear incansablemente. A pesar de no tener ganas de comer se obligó a pedir una tapa de tortilla, al sentir una punzada de hambre en su estómago, hasta aquel momento olvidado, ignorado.
Intentó convencerse en vano de que lo ocurrido era lo mejor para los dos. La situación de ella impedía llevar a buen término de una forma razonablmente coherente la relación que ámbos deseaban. No obstante, el sentimiento de ámbos era tan intenso que habían tomado de común acuerdo la decisión de no volver a contactar. De ahora en adelante no habrían más llamadas, ni más mensajitos al móvil, ni chateo en el messenger, ni siquiera un simple correo.
Esa sola idea de incomunicación le atormentaba dolorosamente, cuando le despertó de su letargo una sonora carcajada que profirió una escandalosa mujer que divertida atendía las explicaciones de una amiga que relataba minuciosamente un episodio vivido esa misma tarde en los probadores de El Corte Inglés...