Miércoles, 1 de Octubre de 2008
Aturdido aún, se descubrió vagando sin rumbo por las callejuelas vacías y oscuras de Vegueta, entre piedras y adoquines mojados por el efecto de la lluvia que durante toda la tarde insistió en recordarle que aquel no iba a ser precisamente el mejor día de su vida.
No se sentía sorprendido porque de alguna manera había tenido la certeza de que aquella preciosa historia iniciada veinticuatro años antes, iba a terminar para siempre tras el encuentro de esa tarde. Sin embargo, no era capaz de evitar sentirse abatido al tomar consciencia de que su presentimiento se había materializado golpeándole en lo más profundo de sus, en aquel momento, maltrechos sentimientos.
Sus pensamientos iban y volvían del pasado al presente haciéndole revivir cada uno de los instantes junto a ella.
Le molestaba no ser capaz de recordar con total claridad todos y cada uno de esos instantes, pero le dolían igualmente produciéndole un daño tan intenso que por momentos sentía la necesidad de pararse a tomar resuello. El aire se le antojaba denso, la tenue y ocre luz de las farolas de la calle, el reflejo de sus húmedos ojos.
Encontró consuelo en una caña de dorada cerveza turbia que le sirvió una dicharachera camarera de una terracita que en medio de la calle y bajo grandes parasoles daba cobijo a pequeños grupos de animados clientes que aquel miércoles sintieron la llamada a reunirse y parlotear incansablemente. A pesar de no tener ganas de comer se obligó a pedir una tapa de tortilla, al sentir una punzada de hambre en su estómago, hasta aquel momento olvidado, ignorado.
Intentó convencerse en vano de que lo ocurrido era lo mejor para los dos. La situación de ella impedía llevar a buen término de una forma razonablmente coherente la relación que ámbos deseaban. No obstante, el sentimiento de ámbos era tan intenso que habían tomado de común acuerdo la decisión de no volver a contactar. De ahora en adelante no habrían más llamadas, ni más mensajitos al móvil, ni chateo en el messenger, ni siquiera un simple correo.
Esa sola idea de incomunicación le atormentaba dolorosamente, cuando le despertó de su letargo una sonora carcajada que profirió una escandalosa mujer que divertida atendía las explicaciones de una amiga que relataba minuciosamente un episodio vivido esa misma tarde en los probadores de El Corte Inglés...