Si alguna vez, ves luz en mis ojos, será sólo un reflejo externo.
Si alguna vez, asoma una sonrisa en mis labios, sabrás que será de compromiso para con otros.
Si alguna vez atisbas la felicidad en mi rostro o en mi forma de actuar, quiero que sepas que no es tal y que en todo caso es efímera, ficticia, pactada, simulada, comprometida.
Si alguna lágrima aflora en mis ojos sabrás que es por ti. Y si el llanto me sorprende en medio de la nada, será por ti también.
No quiero que te sientas culpable porque todo esto que siento siempre ha estado ahí. Aquí, en mi corazón, en mis entrañas.
Y si alguna vez me descubres huyendo, no lo impidas. Será que lo necesito. Será que ya no pude más y tuve que huir. Será que mi corazón esparcido fue incapaz de recobrar la entereza. Entonces, te pido que me entiendas y me dejes huir en paz, sin recriminarme nada porque ya nada podré ofrecerte.
Si alguna vez al llegar tú, yo desparezco, no te sientas ofendida, discúlpame, será que ya no podré soportarlo.
Si alguna vez no te miro, entiéndeme, será que aún no estoy preparado. Si alguna vez te percatas de que permanezco callado, ausente, no me lo tengas en cuenta. Será que mi garganta atenazada es incapaz de proferir sonido alguno.
Si alguna vez te sientes herida, te pido perdón porque lo último que desearía en esta vida, es hacerte daño.
Si alguna vez sientes al mirarme que ya no siento nada por ti, será que no me estás mirando.
Si de vez en cuando me observas y no me ves, debe de ser que me he ido, aunque físicamente siga estando ahí.
Escrito el 21 de Octubre de 2008.
Michel G. Cedrés
P.D. “Alguna vez”, es un sueño que me persigue, pero a pesar de ello yo no me siento huir. Con frecuencia espero por él, para permitir que me de alcance. Me siento vivo cuando me atrapa y me destripa casi literalmente. Luego, maltrecho, yo me recompongo despacito saboreando cual “sibarita”. Algunas veces tardo más y entonces parece como si disfrutara de tan ardua labor. Otras, sin embargo, alcanzo la entereza con inusitada prontitud y entonces le vuelvo a esperar, ansioso.
“Con frecuencia, “luego”, “algunas veces” y “otras”, son sólo excusas, pretextos para vivir -sortear- pasajes que en realidad me encantaría poder relatar en pasado y no en sueño, como hago ahora.
Post P.D.
Recomendable o no, tienes lo que soy.
- - - - - - o - - - - - -
Nota del autor.- (¿?.. que bobo)
“Si alguna vez”, forma parte de un relato más extenso que me dio por llamar “No es casualidad”, el cual decidí no transcribir para no menoscabar la imagen del autor (es decir, yo mismo), dado caso que el autor (es decir, yo) tuviera alguna imagen que menoscabar (es decir, la mía). Firmado: El autor (…, yo).
Salto al vacío
Vete – le dijo al fin ella, intentando simular un enfado inexistente que pretendía, sin lograrlo, disimular un dolor que le quemaba por dentro.
Por favor, vete – consiguió susurrar ya sin disimular la angustia que sabía compartida con aquel hombre al que amaba y que sin embargo pretendía alejar de su vida para siempre, a pesar de leer en sus ojos en ese mismo instante, al pronunciar sus palabras, la sombra y el dolor que como a ella, le atenazaban hasta el punto de ser incapaz de proferir argumento alguno.
Parado delante de ella, mirándola fijamente percibió de súbito la misma sensación que años atrás le había helado las entrañas al saltar al vacío desde un puente – cuyo nombre ni se atrevía a recordar – en un alarde de valentía que había desaparecido desde minutos antes de arrojarse atado por los pies a una cuerda elástica y que no volvió a recuperar hasta años más tarde. Ahora sentía la misma angustia pero acrecentada por la certeza de saberse desprotegido sin la inquietante cuerda elástica.
Era capaz de percibir como se acercaba a toda velocidad al fondo del río, seco y letal, y antes de estrellarse, se oyó decir, - te amo –.
Los ojos de ella se iluminaron y él sintió como de golpe su cara se alejaba del, hasta entonces, inevitable lecho seco y letal, como si la inquietante cuerda elástica estuviera aún sujeta a sus pies.
Sin pensarlo siquiera, tras corresponder al apasionado beso que ella había entregado en sus labios, se alejó sin mirar atrás. Deseoso de volver, de volverse a mirarla.
Ya nunca más – pensó -, mientras caminaba a duras penas, la inquietante cuerda elástica enrollada en sus pies.
Michel G. Cedrés
Por favor, vete – consiguió susurrar ya sin disimular la angustia que sabía compartida con aquel hombre al que amaba y que sin embargo pretendía alejar de su vida para siempre, a pesar de leer en sus ojos en ese mismo instante, al pronunciar sus palabras, la sombra y el dolor que como a ella, le atenazaban hasta el punto de ser incapaz de proferir argumento alguno.
Parado delante de ella, mirándola fijamente percibió de súbito la misma sensación que años atrás le había helado las entrañas al saltar al vacío desde un puente – cuyo nombre ni se atrevía a recordar – en un alarde de valentía que había desaparecido desde minutos antes de arrojarse atado por los pies a una cuerda elástica y que no volvió a recuperar hasta años más tarde. Ahora sentía la misma angustia pero acrecentada por la certeza de saberse desprotegido sin la inquietante cuerda elástica.
Era capaz de percibir como se acercaba a toda velocidad al fondo del río, seco y letal, y antes de estrellarse, se oyó decir, - te amo –.
Los ojos de ella se iluminaron y él sintió como de golpe su cara se alejaba del, hasta entonces, inevitable lecho seco y letal, como si la inquietante cuerda elástica estuviera aún sujeta a sus pies.
Sin pensarlo siquiera, tras corresponder al apasionado beso que ella había entregado en sus labios, se alejó sin mirar atrás. Deseoso de volver, de volverse a mirarla.
Ya nunca más – pensó -, mientras caminaba a duras penas, la inquietante cuerda elástica enrollada en sus pies.
Michel G. Cedrés
Aquí.., allá.
Al llegar el amanecer temo despertar por si no te he soñado.
Normalmente no consigo recordar mis sueños o simplemente los olvido al cabo de un instante.
Con frecuencia despierto altivo, con ganas y siento como una enorme sonrisa se dibuja aquí y allá, en mí. Entonces, se que te he soñado y el resto del día es una fiesta, una algarabía.
Otras en cambio, al despertar me siento vacío, triste y una lágrima se dibuja aquí y allá, en mí. Entonces se que no te soñé y el resto del día es una pesadilla.
Y sueño con volver a dormir aún temiendo que al despertar siga sin soñarte, pero con la esperanza de amanecer altivo y con ganas, de sentir una espléndida sonrisa aquí y allá, en mí.
Invariablemente, aquí y allá, me resulta una distancia insalvable, como una pesadilla. Quizás porque allá está mi corazón y aquí, apenas un sueño.Ahora, de otro tiempo
Ahora en la playita
sólo hay musgo, restos de algas
donde antes había sonrisas.
Ahora los barcos
sólo son cascarones viejos
cuando antes eran navios.
Ahora el muelle
me pertenece, lo habito,
cuando antes lo compartía.
Ahora el sol
sólo me baña
cuando antes me regalaba vida.
Michel G. Cedrés
- - - - -
Letanía de un tiempo mejor. De otro tiempo; cuando la playita era la Playita, cuando los barcos eran los de la Playita, cuando el muelle no era un muellito, cuando el sol era una excusa…
Letanía: insistencia larga, prolongada…
sólo hay musgo, restos de algas
donde antes había sonrisas.
Ahora los barcos
sólo son cascarones viejos
cuando antes eran navios.
Ahora el muelle
me pertenece, lo habito,
cuando antes lo compartía.
Ahora el sol
sólo me baña
cuando antes me regalaba vida.
Michel G. Cedrés
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Letanía de un tiempo mejor. De otro tiempo; cuando la playita era la Playita, cuando los barcos eran los de la Playita, cuando el muelle no era un muellito, cuando el sol era una excusa…
Letanía: insistencia larga, prolongada…
Tormenta de - otro - verano
Desde hacía un buen rato había dejado de prestar atención a la conversación. Estaba entretenida rescatando de la memoria innumerables momentos vividos tiempo atrás en compañía de sus compañeros de mesa. Interminables tardes en la playa de La Garita, noches estrelladas en la muralla del muelle, confidencias adolescentes, algún que otro prohibido asadero, el primer amor de sus amigas, el suyo propio. Cada una de las personas que hoy se sentaban a su lado tenía algo que ver con su adolescencia.
Sin saber muy bien porque se descubrió sacando la cuenta del tiempo transcurrido desde que el amor la visitó por primera vez. Sorprendida, tras revisar la cuenta una y otra vez, concluyó en determinar que hacía casi un cuarto de siglo. Exactamente veinte y tres años.
¿y Marcos? – preguntó inconscientemente en voz alta.
- Aquí - le contestó una voz detrás suya.
Acababa de llegar en ese instante y sin siquiera tiempo para saludar, el recién llegado había sido descubierto.
¡Hola María! ¿Cuándo llegaste?
Con los consiguientes besos de bienvenida, el recién llegado se hizo hueco a su lado, arrimando una silla robada de una mesa contigua.
¿Hasta cuando te quedas? Cada año la misma consabida pregunta para encontrar la invariable respuesta en referencia al final del vacacional mes de Agosto.
La banal pregunta no hubiese tenido mayor trascendencia de no ser porque había sido formulada por quien fue su primer amor y que ahora sentado a su lado, había conseguido acelerar el palpitar de su corazón lo cual le impedía respirar con normalidad y formular una respuesta coherente.
Durante la media hora siguiente tuvo que hacer esfuerzos por controlar su desmesurada inquietud y poder al fin dirigirse a quien a su lado participaba activamente en la conversación comunitaria.
Poco a poco se fueron retirando uno tras otro sus compañeros de adolescencia. Un deseo confuso e incontrolado de prolongar la situación se había hecho fuerte en su mente. Al final de la noche sólo tres personas seguían degustando un frío botellín de cerveza Tropical. Vicente, Marcos y ella misma. No tardaron en quedarse solos porque a Vicente las obligaciones como padre le impedían permanecer.La conversación se prolongó, ya con el bar cerrado, sentados en la Playita de Los Barcos hasta muy tarde, haciendo un repaso del pasado.
Miguel G. Cedrés
Escrito el 10 de Septiembre de 2008
Sin saber muy bien porque se descubrió sacando la cuenta del tiempo transcurrido desde que el amor la visitó por primera vez. Sorprendida, tras revisar la cuenta una y otra vez, concluyó en determinar que hacía casi un cuarto de siglo. Exactamente veinte y tres años.
¿y Marcos? – preguntó inconscientemente en voz alta.
- Aquí - le contestó una voz detrás suya.
Acababa de llegar en ese instante y sin siquiera tiempo para saludar, el recién llegado había sido descubierto.
¡Hola María! ¿Cuándo llegaste?
Con los consiguientes besos de bienvenida, el recién llegado se hizo hueco a su lado, arrimando una silla robada de una mesa contigua.
¿Hasta cuando te quedas? Cada año la misma consabida pregunta para encontrar la invariable respuesta en referencia al final del vacacional mes de Agosto.
La banal pregunta no hubiese tenido mayor trascendencia de no ser porque había sido formulada por quien fue su primer amor y que ahora sentado a su lado, había conseguido acelerar el palpitar de su corazón lo cual le impedía respirar con normalidad y formular una respuesta coherente.
Durante la media hora siguiente tuvo que hacer esfuerzos por controlar su desmesurada inquietud y poder al fin dirigirse a quien a su lado participaba activamente en la conversación comunitaria.
Poco a poco se fueron retirando uno tras otro sus compañeros de adolescencia. Un deseo confuso e incontrolado de prolongar la situación se había hecho fuerte en su mente. Al final de la noche sólo tres personas seguían degustando un frío botellín de cerveza Tropical. Vicente, Marcos y ella misma. No tardaron en quedarse solos porque a Vicente las obligaciones como padre le impedían permanecer.La conversación se prolongó, ya con el bar cerrado, sentados en la Playita de Los Barcos hasta muy tarde, haciendo un repaso del pasado.
Miguel G. Cedrés
Escrito el 10 de Septiembre de 2008
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