De pronto sentí esa sensación de desequilibrio. Ese vacío que se apodera de tu estómago justo en el momento previo al salto. Ya sabes. Un salto desde muy alto. Llámalo miedo si quieres.
Me senté en el suelo. En un suelo cualquiera. Buscando equilibrio, puse las palmas de las manos completamente abiertas en el mismo suelo, helado. Que subió por mi brazo hasta llegar al hombro. El resto de mi cuerpo ya estaba frio. Paralizado.
En ese momento no atinaba a entender qué estaba ocurriendo. Realmente no me sentía mal. Al contrario. Podía percibir que estaba sonriendo pero al tiempo el huracán se desataba dentro de mi y me estaba devastando.
En ningún momento perdí la visión. Mirando a mi alrededor intenté encontrar porqués, en vano. A lo lejos, el mar. Intenté concentrarme en su rítmico e indeciso movimiento vital, imaginándolo depositar espumitas en la orilla de mi playa. Acompasar mi respiración ahora entrecortada con el ir y venir de las olas fué durante un instante mi prioridad.
De pronto, sin buscarlo, vinieron a mi mente imágenes de mi vida reciente. La semana pasada, el fin de semana, antesdeayer, ayer...
Entonces lo vi claro. Te vi
No recordaba que el amor, se manisfestara con tanta furia.